Esta vez es la digigrafía la que invade nuestro espacio con la obra de Begoña Muñoz. 

 En La Ciudad Translúcida Begoña Muñoz busca reconstruir ciertas formas que encuentra al escuchar y observar el entorno urbano, y las impresiones que le puedan evocar. Construye una metodología de aproximación a la arquitectura que se adhiere a una estructura cuyos parámetros se ajustan a la comprensión del mundo mediante la selección de una serie de imágenes que presentan la materia en una virtualidad subjetiva.

En la Suite de Danza el cuerpo se comporta como un instrumento que posibilita captar el entorno que lo envuelve. Así, nuestra autora inventa cuerpos “de otro tipo”, mixtos y mutables, capaces de avanzar en los terrenos más inhóspitos, más insólitos e improbables.

Solamente en una obra como Desde el Corazón de la Ciudad Translúcida que es a la vez moviente, podríamos adentrarnos en el susurro impersonal de la vida disimulada, donde el tiempo se vuelve efectivo, saturado de esa diferencia de tensión, que es quizá el elemento clave de la presencia. Un tiempo que persiste, una evolución creativa cubierta de imprevisible novedad, un presente semitransparente y a la vez elástico, que se enajena hacia el pasado y se modera hacia el presente.