MARÍA GÓMEZ

Batuecas 1600

 

María Gómez (Salamanca, 1953), asistió a clases en la Escuela de Artes y Oficios de Salamanca de pintura, dibujo y escultura. Estudió en la Escuela de Bellas Artes de San Jorge de Barcelona donde tiene su primer contacto con las galerías de arte. Y en el tercer curso se traslada a la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. Un viaje a Nueva York en 1978 le descubre en el Moma a de Saul Steinberg. Viajó con una beca de intercambio a París en 1980-81, donde estudia Grabado con el maestro suizo Bruno Müller. Una nueva beca (1983) le permite ampliar sus conocimientos, esta vez en la Scuola Internazionale di Grafica de Venecia. En 1991 se traslada a Roma con una beca para la Academia de España. Numerosas exposiciones tanto nacionales como internacionales avalan su trayectoria.

 

Esta exposición titulada “Batuecas 1600” (año en que se empezó a construir el monasterio de S. José), nos sumerge en un mundo donde los personajes que lo habitan hacen meditación, rezan, reflexionan o ... vuelan:

 

El monasterio de Batuecas ha sido considerado por muchos como un paraíso terrenal, un jardín místico, un huerto cerrado (por la clausura impuesta en el desierto*), allí dónde se podía realizar una feliz edad de oro, viviendo como los primitivos cristianos: utopía soñada por muchas generaciones.

En la tradición eremítica de Oriente y Occidente, el hábitat natural, apartado de la civilización, formó parte de la vida de los ermitaños.

 

Los primeros carmelitas del Desierto de S. José lograron, sin pretenderlo, racionalizar el mito regresivo de Batuecas –un recóndito valle tenido por mágico y cargado de leyendas- en una historia de progreso: domesticaron la naturaleza agreste haciendo ver  que ni en el valle ni en los montes que lo circundaban hubiese seres humanos extraños, que los montes estaban vacíos y que ellos, desde su proyecto espiritual, la fueron haciendo habitable. (1)[1]

 

Desde el viernes 26 de enero hasta el martes 6 de marzo.

 

*Desierto, en la terminología carmelitana es sinónimo de lugares bellos, paraísos naturales con vegetación y agua abundantes, apartado de las ciudades y mal comunicado.

(1) Daniel de Pablo Maroto. Extractos del libro“ Batuecas” Ed. de Espiritualidad